Ha llegado el verano, la mayoría descansaremos, viajaremos…disfrutaremos de un merecido ocio del que hemos carecido durante el año. Para este tiempo algunas hemos ido reservando lecturas pero otras, están o estamos expectantes porque con el poco tiempo de que disponemos no nos gustaría equivocarnos a la hora de escoger una lectura.

Por manido o tópico que pueda parecer, yo que, en absoluto, me he inclinado la ciencia ficción (esta obra está adscrita al “Realismo mágico”) me atrevo a recomendaros un libro que, por primera vez terminé de leer recién cumplidos los 22, durante un viaje en autobús, y que, también por primera y última, vez me obligó a escribir (en la modestia de mi edad): “Si tuviera que elegir un libro que llevar a una isla desierta, sería este”. Me refiero a “Cien años de Soledad”.

Muchos son los libros que he leído desde entonces, algunos verdaderas obras de arte, pero “Cien años de soledad” lo seguiría seleccionando entre esos tres (esto sí es un tópico) que a veces pensamos o nos piden seleccionar. Y ¿por qué? Hay incontables críticas literarias que podrían avalarlo pero yo os lo recomendaría:

  • Porque una vez empezado no podréis dejar de leerlo.
  • Porque te sorprende hasta el final.
  • Por el perfecto manejo de sintaxis..
  • Por la variedad de registros lingüísticos.
  • Por originalidad narrativa.
  • Sus únicos, delimitados, reales y a la vez fantasmagóricos personajes. Su delimitada personalidad, su fragilidad en unos casos, rudeza y primitivismo en otros, sensibilidad de algunos, lo excepcionalmente etéreos de otros…
  • Las descripciones de paisajes, reales unas veces y absolutamente sobrenaturales otras.
  • La múltiples e increíbles historias que narra, la manera en las que las enlaza, surgen y desaparecen para aparecer de nuevo…
  • Por cómo nos inmiscuye en un universo latinoamericano difícil, mejor dicho, imposible, de imaginar sin esta lectura…

Sin desmerecer a nadie, y desde la modestia de sólo una filóloga, que eso sí, leer ha leído y lee, por profesión y afición, sólo por esta obra, Gabriel García Márquez merece el Nobel que en justicia le dieron. Él sí lo merece.

Marisa Jiménez